Análisis

Cartografía de las elecciones 2018 en Mexicali: la espacialización del descontento

 

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Rebelión electoral

El pasado 1ro de julio el pueblo de México se rebeló en las urnas. La ciudadanía salió masivamente a votar y le ganó a la maquinaria del fraude, a la campaña de miedo, a la desinformación y manipulación mediática, a las llamadas de odio, a la compra y coacción del voto, a la alteración de urnas, a la intimidación, a la violencia y sobretodo, a la desesperanza.

El desborde popular -antes y durante la votación- revirtió todas las posibilidades de fraude y logró vencer -parcialmente- a los poderosos en su campo de juego. Fue una rebelión electoral que demostró de lo que el pueblo es capaz cuando se moviliza. Sin embargo, fue un triunfo en el que los sectores fungieron como su fuerza, más no como su dirección organizada.

El voto masivo a López Obrador fue una expresión del hartazgo y descontento social; fue un voto de esperanza, de convicción, de castigo e incluso, de resignación. Fue la forma mayoritaria en la que, en el marco del proceso electoral, la ciudadanía demostró el repudio al actual gobierno y el rechazo a las políticas neoliberales, a la desigualdad, violencia e impunidad reinantes en el país.

Si bien, detrás del empuje electoral de la coalición ganadora y del proyecto del próximo gobierno existen intereses cupulares, pactos con diversos sectores de la oligarquía y alianzas sumamente contradictorias, no es nuestro objetivo analizar aquí esta recomposición de fuerzas en el bloque en el poder. Queremos resaltar, sí, el protagonismo popular en la elección y la espacialización del descontento manifestada con el voto.

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